Los resultados de las próximas elecciones presidenciales de octubre de 2010 en Brasil, van a tener una importancia trascendental en el proceso de reconfiguración del nuevo orden mundial por la creciente centralidad que está asumiendo el gigante sudamericano.
Brasil se aproxima a un largo período electoral que definirá los rumbos del país en el espacio institucional. Se viene la elección de un nuevo Congreso Nacional, de los gobernadores provinciales, la votación por la Asambleas Legislativas y la elección Presidencial. Un calendario muy cargado, frente al cual muchos dirigentes del PT han tenido que redefinir su ubicación.
Lula festeja la obtención de los Juegos para Rio de Janeiro como un triunfo personal. Será la entrada de Brasil a la liga de los grandes. Solo preocupa como esconder la pobreza y la violencia que controlan en una situación de no gobierno amplios espacios de la ciudad y del país.
Si Brasil quiere ser el líder dentro de esta Latinoamérica atravesada por los vientos de cambio, se le acaba el tiempo. Y lula y su equipo de gobierno parecen saberlo.
La política exterior de Brasil que luego del golpe de Honduras se quedó pegada al suelo esperando que las cosas las resolvieran otros actores (Chávez, Obama) se ha decidido a mover fichas. Por ello en las últimas semanas Lula ha vuelto a reaparecer en el escenario latinoamericano con una revitalizada presencia.
Con dos trimestres negativos de crecimiento, Brasil se declara en recesión. La producción industrial está estancada, el PIB se retrae y el país empieza a sentir los efectos de la crisis internacional. Frente a esta situación el gobierno apuesta por los incentivos fiscales, reducir los impuestos a automoviles y electrodomesticos, y incentivar el consumo. Una serie de medidas que le significan al Estado dejar de recibir o gastar una enorme cantidad de dinero, a la espera de que la dinámica económica se reactive, a través del círculo "vituoso del mercado".
Aunque todavía faltan 2 años para el final del período de gobierno de Lula, pareciera existir cierta urgencia por parte de la clase política brasileña por definir la sucesión. El anuncio de la ministra de la Presidencia del Gobierno de Brasil y candidata del presidente Luiz Inácio Lula da Silva para sucederlo en el cargo, Dilma Rousseff, de que padece un cáncer linfático y que tendrá que someterse a quimioterapia durante cuatro meses ha agitado los principales partidos. La discusión gira en torno a si podrá mantenerse en el intento de ser la primera mujer en ocupar la Presidencia brasileña. Lula reafirmó que Dilma sigue siendo su candidata, pero que aún debe ser aprobada por su partido y aliados.
En plena crisis económica, Lula, como nunca despliega toda una estrategia de posicionar a Brasil como eje central tanto en el concierto latinoamericano, como en el escenario global.
El rol de Brasil en el contexto latinoamericano es innegable. Y dentro de Brasil el papel que juega el Partido de los Trabajadores, PT más allá del rol protagónico de Lula como referente, también resulta relevante en el actual contexto.
Por ello cobra importancia la definición de este partido a favor del Unasur como alianza estratégica por sobre el ALBA. De las alternativas en danza, el PT se queda con la de la Unión de Naciones Sudamericanas, conocida como Unasur, formada en 2004 por la Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, Chile, Guyana, Surinam y Venezuela. Sería el modelo de “integración de amplio espectro” que se complementa con la creación del Banco del Sur (un banco para estimular el desarrollo productivo) y la integración de la infraestructura física e implica la reversión del modelo de “subordinación política sustentado por las elites conservadoras”.
Lula necesitaba urgentemente intervenir sobre Honduras, por dos razones.Por un lado, se jugaba su liderazgo interno en latinoamerica. Mientras Chávez encabezó un rotundo rechazo que aumentó su perfil de defensor de la democracia, Brasil con su actitud dubitativa, acumuló una serie de desconfianzas. Y es que este es un periodo en el que una serie de gobierno progresistas como el de Lugo, Colom o Funes, están en un proceso de consolidación de sus alternativas de transformación. En este proceso enfrentan a unas derechas bien armadas y preparadas a dar una lucha sin tregua.
Mientras en el plano económico la política del gobierno de Lula parece reflejar un manejo adecuado a una “potencia económica emergente”, la hegemonía de Brasil en el plano latinoamericano parece no estar tan clara.
Con un Lula que, a menos de un año de terminar su mandato, ya se levanta como el presidente más popular de la historia de Brasil, los movimientos sociales brasileños se han visto contra las cuerdas. La popularidad y la capacidad de maniobra política han llevado a poderosos movimientos sociales como el MST a tener que mantenerse en una ambivalencia difícil de sostener.
Preocupados por los impactos cada vez mayores que tendrá para Brasil la crisis del capitalismo global, el gobierno brasileño decidió generar un marco de convergencia social que le permita descomprimir el creciente malestar de muchos sectores sociales con el gobierno por no ser escuchadas sus demandas.