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Los sondeos le otorgaban una intención de voto del 57%; las primeras encuestas a pie de urna le daban hasta un 60%; pero la realidad supera la ficción y el binomio Morales-Linera llegó a obtener hasta un 64,22% de los votos, renovando la presidencia de Bolivia y obteniendo los dos tercios necesarios para profundizar el proceso de cambio.
Los resultados obtenidos en las elecciones presidenciales ponen de relieve cambios profundos en el panorama político boliviano y apuntan posibles transformaciones en la cultura política del país.
1. El aumento del demos y la participación
En primer lugar, y como uno de los elementos más significativos de los resultados electorales, cabe señalar el alto grado de participación de la ciudadanía. El registro biométrico al que condicionó la oposición la transparencia del proceso electoral, ha añadido más costos a las elecciones, no sólo a nivel institucional, sino también a nivel ciudadano, puesto que los y las bolivianas han tenido que registrarse primero para poder votar después. Este requisito, que a priori se apuntaba desincentivaría votantes de áreas rurales y a los ciudadanos con niveles educativos inferiores (asociados al partido gubernamental) y aquellos ciudadanos residentes en el exterior; ha sido superado aumentando el demos boliviano de poco más de tres millones y medio del 2005, a los casi cuatro millones y medio que lo han hecho en el 2009. A pesar del aumento de la población llamada a votar, los niveles de participación se han mantenido, situándose en torno el 94% y mantienen la alta participación de los bolivianos en las elecciones (en torno el 93% en la última década) como una de las características más envidiables del sistema.
2. El voto en el exterior
Uno de los principales factores explicativos del aumento de los votantes hay que buscarlo en la propuesta del gobierno de fomentar la participación de los residentes en el exterior. A pesar de que la iniciativa fue frenada por la derecha, que la planteó como prueba piloto y la circunscribió a un 6% de los residentes de las principales capitales de Argentina, Brasil, Estados Unidos y del Estado Español, la participación de la comunidad boliviana en el exterior también superó con creces las expectativas planteadas. Durante el proceso de empadronamiento, la rigidez de los horarios –que coincidían en la mayoría de los casos con los horarios laborales de los exiliados económicos- y la falta de unidades móviles que se desplazaran fuera de las grandes capitales, no fueron obstáculo para empadronar a más del 6% que estaba habilitado a votar. Los colectivos bolivianos residentes en el exterior se organizaron, promoviendo campañas de apoyo a sus candidatos: imprimieron carteles, organizaron mítines, charlas y actividades en las principales capitales donde sus compatriotas podían votar y facilitaron la información para votar, conjuntamente con embajadas y consulados.
En el momento de las votaciones la participación fue significativa: en Argentina votaron 66.504 bolivianos (el 92% de los cuales dieron su apoyo al MAS); en Brasil, 14.288 (el 95% votaron por el MAS); en Estados Unidos lo hicieron 8.565 (el MAS sólo obtuvo el 31% de los votos); y en el Estado Español 35.744 (ganando el MAS con el 48% de los votos).
En total más de 125.000 bolivianos, ejercieron el derecho de voto con la demanda y la expectativa que la experiencia se ampliaría al conjunto de la diáspora boliviana y con el anhelo de ampliar su representatividad y elegibilidad en la Asamblea Legislativa Plurinacional, donde se demandaba que se reservasen escaños para los bolivianos residentes en el exterior.
3. Hegemonía masista y ruptura con la clase política tradicional
Si en 2005 fue proclamado presidente con el 54% de los votos frente los 28,62% que obtuvo su máximo opositor “Tuto” Quiroga; en las actuales elecciones la popularidad de Morales ha llegado hasta la obtención del 64% de los votos, obteniendo una amplia mayoría sobre los candidatos opositores.
La creciente popularidad del líder cocalero y la falta de una alternativa de gobierno real de partidos como el MNR o Podemos, conjuntamente con la voluntad de sus líderes de postular a la presidencia en solitario, han materialización de su defunción.
De los partidos opositores, solamente la recién constituida alianza de Plan Progreso para Bolivia – Convergencia Nacional, dirigida por el que fuera prefecto de Pando, Leopoldo Fernández, actualmente preso y sometido a proceso por la masacre de 16 indígenas en el norte amazónico; y el ex prefecto de Cochabamba, Manfred Reyes, acusado de ser el autor intelectual del “Golpe Cívico Prefectural”, han alcanzado un respaldo significativo del 26,46% de los votos.
Del resto de las candidaturas, cabe señalar que solamente Unidad Nacional del empresario Samuel Doria sobrepasa el 5% y Alianza Social (AS), liderada por el ex alcalde de la ciudad de Potosí, René Joaquino, sobrepasa el 1%.
Así mismo, los resultados ponen de relieve el fracaso de los partidos que aspiraban a recoger los descontentos del oficialismo, entre ellos: GENTE del ex asambleísta del MAS y dirigente campesino, Román Loayza; y la alianza Pueblos por la Libertad y Soberanía (Pulso) del dirigente campesino Alejo Veliz; que ponen de manifiesto la inexistencia de una vía netamente clasista e indigenista en Bolivia, al menos por el momento.
4. Penetración en la media luna
Al contrario del que venía sucediendo en las anteriores elecciones, el auge del MAS ha transcendido esta vez los territorios tradicionalmente oficialistas y penetra decididamente en la opositora “media luna”: en Tarija, los votos para Morales llegan al 51%, frente los 20% del año 2005; en Santa Cruz ascienden hasta el 41%, frente los, 24% del año 2005; en Beni ascienden a los 41% del 17% del 2005; y, en Pando aumentan exponencialmente hasta situarse en el 45% frente los 6% del 2005. Seguramente, la estrategia adoptada por la derecha medio año atrás con el intento de Golpe prefectural y la matanza de Pando, y la consecuente imagen de violencia a la que se asociaron se encuentran detrás de este giro masista.
Ahora, tal y como ha anunciado Morales “la reelección tiene que ser para profundizar el cambio” y avanzar en el proyecto de revolución cultural y democrática.
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