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Cuando Lula, el 2002, ganó con más del 61% de los votos las elecciones presidenciales, muchos en Latinoamérica, y el mundo, comenzaron a creer que con un ex obrero industrial a la cabeza, Brasil, se transformaría en la vanguardia por las luchas sociales del continente.
La realidad nos muestra otra cosa. Lo cierto es que para llegar al poder, el Partido de los Trabajadores, PT, generó un marco de alianzas muy amplio, vinculando en las elecciones del 2002, desde actores abiertamente liberales, hasta personajes de reconocida trayectoria en los movimientos sociales brasileños.
El propio Lula, como ex obrero metalúrgico, lucía entre sus mayores pergaminos el haber sido uno de los fundadores del PT, movimiento político que contribuyó a fundar.
Durante su primer mandato, quedó claro que su gobierno no seria una extensión de los movimientos sociales. Más bien, se priorizaría por un vínculo directo del PT con el gobierno.
La cabeza del PT, un amalgama de dirigentes sociales y políticos tradicionales, generó un férreo círculo de hierro en donde Lula, y sus asesores, definieron las políticas sociales y económicas sin generar ningún tipo de relación con los movimientos sociales que promovieron su llegada al poder.
Todo este proceso esta muy lejos de la imagen de participación popular que el PT planteó como parte de su fisonomía política a través, por ejemplo, de los emblemáticos Presupuesto Participativos.
En este contexto, la relación del gobierno con los movimientos brasileños ha seguido principalmente dos caminos; el de neutralizar el movimiento (como lo ha sido con la otrora poderosa Central Unitaria de Trabajadores, CUT), o el del asilamiento y enfrentamiento (como con elMovimiento de los Sin Tierra, MST).
El resultado de esta política ha sido un debilitamiento generalizado de los movimientos sociales en Brasil, llevando a estos a fuertes tensiones internas en función de definir su posición frente al cuadro político que implica la llegada del PT al poder político.
La fragmentación parece ser la norma en el movimiento social brasileño.
Ha este cuadro le debemos sumar que, pese al evidente desgaste de los casos de corrupción al interior del gobierno, y al malestar de amplios sectores de la población por la opción por un modelo económico liberal en Brasil, la elección del 2006 volvió a ratificar a Lula con un respaldo idéntico al que obtuvo en el 2002. Lula continua con una apoyo popular superior al 61% de los brasileños.
Este apoyo popular dejó en claro que, pese a la emergencia de opciones políticas que quiebran con el PT, como es el PSOL, la conducción de Lula en el poder tiene todavía un horizonte sólido.
La CUT
Nacida en 1983 la Central Única de Trabajadores, cumplió en sus inicios un rol central en el enfrentamiento, en plena época de dictadura, contra la introducción del modelo neoliberal.
Concebida como un espacio de confluencia política, en los 90' sufrió varios quiebres que llevaron a la salida de partidos políticos de izquierda.
Actualmente, se le caracteriza como una dirigencia esencialmente del PT, y como tal ha participado en las distintas mesas de trabajo que el gobierno ha construido con el empresariado brasileño. En ellas la central ha jugado esencialmente un rol de legitimador de una serie de medidas que han llevado a que más del 60% de los trabajadores brasileños trabajen hoy ligados al trabajo precario.
Esta nueva composición social de los trabajadores ha debilitado la presencia sindical, yha su vez ha mermado su capacidad económica. Por ello, el debate en la actualidad se ha centrado en la necesidad de que el gobierno implemente una serie de mecanismo de transferencia de recursos, potencien, aún mas la relación de dependencia de la CUT con el gobierno.
El MST
Surgido en los 80', al igual que la CUT, el Movimiento de los Sin Tierra apareció en lo que fue el período de mayor riqueza de la lucha social en Brasil.
Los Sin Tierra son un poderoso movimiento social-político que construye su accionar de forma autónoma y no depende de ningún partido político, aunque mantiene fluidas relaciones con el Estado que, a su vez, apoya con subvenciones diversos emprendimientos del movimiento.
En su último congreso, el MST optó por no encarar de forma frontal a gobierno de Lula, sino por acumular fuerzas. De hecho, el MST, en las pasadas elecciones presidenciales, llamó a votar por Lula, en la segunda vuelta.
Sin embargo, su lucha social ha tomado un nuevo impulso en estos últimos meses. En abril desarrollaron una campaña nacional, con unas 150 ocupaciones de haciendas, instalaron 200 mil familias -un millón de personas- en campamentos a las orillas de las carreteras para presionar por la tierra. Defienden una reforma agraria de nuevo tipo, que suponga además de la distribución de tierras la "democratización del capital", la creación de agroindustrias cooperativizadas y la democratización de la educación. Este año comenzaron un combate de largo aliento contra el agrobusiness que es un importante aliado del gobierno de Lula.
Y la respuesta de las autoridades de gobierno no se ha hecho esperar. La estrategia tanto del gobierno federal de Brasil como el del estado de Río Grande del Sur, de criminalizar e incluso buscar la "ilegalización" del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) está en uno de sus puntos más agresivos.
Apenas en el mes de junio de este año, en ese estado, fueron reprimidas dos manifestaciones del MST y desalojados dos de sus campamentos en la zona.
Las acciones represivas de las autoridades, que buscaban impedir que se encontraran dos columnas de manifestantes del MST en el municipio de Coqueiros del Sur (estado de Río Grande), fueron orquestadas por el Estado Mayor de la Brigada Militar do RS, en conjunto con el Consejo Superior del Ministerio Público del Estado de Río Grande del Sur y el Ministerio Público Federal, explicó en un comunicado el MST.
Todo lo anterior ha llevado a que el MST diera comienzo a un proceso de denuncia a nivel nacional e internacional sobre la voluntad del gobierno de criminalizar el MST. |