Desde el inicio, los analistas políticos de la derecha pronosticaban que la instalación del gobierno de Piñera no sería algo simple. Se preveía que el descontento social, que le estalló en la cara los 3 primeros meses del gobierno de la socialista Bachelet, también golpearía al empresario presidente. Sin embargo, el terremoto que azotó al país le dio una tregua dramática e inesperada a Piñera.
Pareciera que el pasado terremoto de febrero no solo cambió en algunas milésimas el eje de rotación de la tierra sino también, paradójicamente, inclinó a la derecha piñerista un pelo hacia la izquierda. El empresario presidente, Sebastián Piñera, apurado por la crisis social, que amenazaba con ser desbordante, posterior a la catástrofe natural, actuó rápido y eficientemente. Asumiendo que las oficinas de la Moneda son la nueva sede de sus negocios, el Empresario-Presidente, tardó 3 meses en reorientar su estrategia, la que expuso con rapidez a finales de mayo frente al Congreso Nacional.
El año 1999, Andrés Allamand, uno de los intelectuales orgánicos más importantes de la derecha chilena, antes de partir a su autoexilio a EE.UU escribió una autobiografía proféticamente titulada “La Travesía por el Desierto”. El libro, practica rara para la derecha chilena, pretendía ser a la vez una síntesis personal e histórica de la política chilena.
La derecha chilena no ocupa el poder político, por la via democrática, hace más de 50 años. Pero lejos de ser esto un problema, esta lejanía le ha permitido perfeccionar mecanismos de regulación de los ritmos políticos que pasan por fuera de los pasillos de la Moneda. Según los datos de las encuestas (manejadas por los grandes empresarios) cada vez existen más posibilidades de que uno de los suyos, Piñera, encabece el futuro gobierno chileno. Pero las manos de la derecha chilena son mucho más largas y van mucho más allá que la dependencia de un sólo candidato.
Cuando faltan solo poco mas de 3 meses para la elección presidencial el panorama de la lucha social en Chile sigue adquiriendo tonos preocupantes. La presidenta Bachelet, quien en un principio asumió posiciones dubitativas sobre la forma de encarar las cada vez más complejas problemáticas sociales, se inclinó finalmente por la mano dura.
El discurso de Bachelet en la “cuenta del estado de la nación”, el pasado 21 de mayo, tuvo el sabor del último trago antes de la partida. Para la presidenta, casi eufórica por los resultados positivos que muestran las últimas encuestas, hace rato ya que pasaron las preocupaciones colectivas.
Se terminan las vacaciones en Chile y, de inmediato, queda claro que el año 2009 estará marcado por la incertidumbre que abre la cada vez más posible llegada al gobierno de la derecha en la próximas elecciones presidenciales.
Los resultados de las últimas elecciones chilenas, sin cambiar nada, parecen haberlo cambiado todo. El sistema de partidos políticos sigue solido pero con grietas cada vez mayores
Al igual que cuando en el 2005 Lagos dejó la Moneda con un 75% de aprobación, Bachelet camina tranquila con el 78% de apoyo personal que le entregan las encuestas. Obviamente nadie se detiene a pensar que Lagos, solo meses después de abandonar el poder, perdió gran parte de ese apoyo. Hoy, ya ni existe en las encuestas.
En el Chile de la Concertación la derecha es cada día más poderosa. En ninguno de los cuatro gobiernos de la Concertación, los empresarios han visto peligrar sus intereses. Y queda muy claro, que, independientemente del resultado de las urnas a finales de año, nada de esto cambiará. Es más, es tanta la confianza que hoy poderosos empresarios se dan el lujo de ofrecerle al cliente-ciudadano chileno un producto que suene a rebeldía.
Cuando ya hay más de un millón de desempleados en Chile producto de la crisis capitalista –mucho más que los trabajadores organizados sindicalmente con capacidad de negociar en forma colectiva-, el derechista Instituto Libertad y Desarrollo evacuó un informe donde revela que hay un 42 % de asalariados que temen perder su empleo a marzo de 2009, casi un 10 % más que en el mismo mes de 2008.
Pese al calor y a las vacaciones, el panorama político chileno no ha bajado su intensidad durante los últimos meses. Terminado el gobierno de Bachelet (ya a nadie le importa siquiera que aun quede un año de gobierno con mano de mujer), todas las miradas se han centrado en determinar quienes son los candidatos a ocupar el sillón presidencial el 2010.