Entrevista a Wilmer Rickly, representante del Frente de Resistencia de Honduras
Como en una mala película “gringa” de los 80’, luego del Golpe de Estado en Honduras, reaparecen en los telediarios las imágenes de militares con sobrepeso, presidentes-terratenientes corruptos vestidos de impecable blanco y curas acompañados de señoras que bandean entre sus llamados a Dios y su amor a la Patria. El cuadro se completa con la infaltable presencia “invisible” de la CIA, con su carga de agentes expertos en desestabilización, y sus maletas llenas de dinero verde capaz de comprar el siempre liviano respeto de jueces y militares a la sagrada Constitución.
Pero lo que pasa en Honduras no es parte de un escenario ficticio, y ningún director fracasado puede parar esta comedia dramática, cuyo último capítulo, las pasadas elecciones del 29 de noviembre, no pretenden sino consolidar la apuesta de la oligarquía hondureña por una “democracia tutelada”, o sea una democracia en que la que el voto no es suficiente.
Wilmer Rickly, sociólogo hondureño y representante para España del Frente Nacional por la Resistencia está preocupado, pero también profundamente convencido de que, a pesar de los militares y de los fraudes electorales, existe en el pueblo hondureño suficiente fuerza y convicción para pasar de la oscuridad de la dictadura, a un nuevo tiempo de libertad inédito en la historia de este país centro americano.
¿El golpe de Honduras aparece para muchos como un hecho “del pasado”, como vez tu este tipo de comentarios según el proceso de lucha del pueblo hondureño?
En Honduras como en muchos países de América Latina los 90' son años en los que la derecha implementó un modelo neoliberal, que lo único que hizo fue empobrecer, aun mas, a la población. Eso por un lado. Y por otro, no se resolvieron problemas de carácter estructural; el tema del empleo, de la tenencia de la tierra o el tema de la soberanía nacional. Además, este modelo privatizó muchos servicios que ya eran de difíciles de acceso antes.
Frente a esto hubo una serie de respuestas de la población. La respuesta típica fue la masiva emigración de la población principalmente a EE.UU pero también a Europa. Entre los años 90’ y hasta hoy, la emigración aumentó un 300%.
En este contexto el movimiento social hondureño se reorganizo y asumió varias banderas de lucha. La primera consigna fue recuperar tierra. La conclusión a la que llegamos es que no había que pedir reforma agraria, sino que construir reforma agraria. Esto pasaba por un enfrentamiento con los paramilitares y con los grandes empresarios de la tierra.
Por otro lado, hubo una defensa masiva contra las privatizaciones. Imagínate que en un país de 7 millones de habitantes se dieron movilizaciones de 50 y hasta 100 mil personas. A veces en forma simultánea entre Tegucigalpa y San Pedro de Zula, las dos ciudades más importantes.
Estas movilizaciones conectaron con la población indígena. La Copin, que es una central de diversos colectivos indígenas y negros, sumó a la lucha por la tierra y contra la privatización las demandas por participación política y reconocimiento de la identidad.
En este período, las izquierdas, que habían tenido un carácter político militar pasan a crear un partido político: Unificación Democrática.
Entonces por primera vez hacia finales de los 90’, existe en Honduras un movimiento social en alza que se encuentra con un proceso de reagrupación de los colectivos de izquierda, con menos pujanza, pero que estaba aprendiendo junto a la población. Ya antes del golpe, la combinación de ambos factores hizo que la izquierda no solo fuera ya un factor de oposición al modelo sino una opción de poder.
¿Y en este contexto de alza de luchas sociales llega Zelaya?
Zelaya desde el inicio es una figura transitoria. No es un Evo, ni un Chavez. Ni siquiera es un Lula. Básicamente es una figura mediática. Potenciada por su condición de presidente. Pero todos sabíamos que era una figura que tendería a desaparecer después del proceso electoral. No tiene un arraigo como partido y a nivel social su vinculación era baja hasta antes del Golpe de Estado.
Al contrario, en el Frente por la resistencia existen líderes, que por primera vez son referentes políticos y sociales. La coordinadora por la resistencia, que existía desde antes del golpe, ya constató que si bien había una acumulación de fuerza a nivel social, algo había que hacer con esa fuerza.
En ese proceso emerge la figura de Carlos H. Reyes, como figura central, quien pasa de ser un líder social sindical a un líder político a escala nacional. Por eso se decidió inscribir su candidatura independiente a la presidencia. Pero no solo se trata de él. Existe un liderazgo social muy legitimado y es el movimiento social en cuanto figura el que tiene hoy la capacidad de movilización. Por ello la derecha no ha sido capaz de destruir este movimiento de resistencia, porque ya había miles movilizándose antes del golpe.
¿Y cómo valoras este momento en que los medios de comunicación tratan de mostrar un aparente retorno a la normalidad democrática, luego de la pasada elección?
Creo que hay que distinguir entre Honduras antes del golpe y Honduras después del golpe. El cambio que ha vivido el país ha sido de calado de fondo.
Desde mi mirada, de esta coyuntura estamos saliendo mas fortalecidos que la derecha .
En apariencia el triunfo de la derecha es haber tenido que dar un Golpe de Estado para legitimar unas elecciones fraudulentas. Pero hasta hace pocos años la derecha no tenía la necesidad de hacer este tipo de cosas, porque la población, sin que la forzaran, votaba mayoritariamente por partidos de derecha. Recordemos que esta fue una derecha que tuvo 120 años de alternancia en el poder. Por extraño que nos parezca, hasta solo hace algunos años el discurso neoliberal fue muy atractivo para el pueblo. Hoy por hoy, en Honduras, así como en otros lugares de América Latina, la derecha no tiene discurso, ni planteamiento alternativo.
Para mí, en términos de construcción de democracia, el país avanzó. Por primera, vez en muchos años, la población se atreve a desafiar el poder. Ya no es solo la izquierda, o el movimiento social.
Creo que hemos ganado porque hubo un quiebre. Ya no es el izquierdista radical, la feminista radical, el indígena radical el que cuestiona el sistema, es la población llana la que cuestiona en su discurso y con su participación directa en las manifestaciones la continuidad del sistema.
Este nuevo escenario constituye entonces la base que da continuidad a la lucha del pueblo hondureño…
Lo primero que haremos como frente pasadas estas elecciones será ver que hemos aprendido en esta coyuntura. Pero, en general, veo un izquierda mirándose hacia adentro, en una primera etapa, y luego planteándose hacia afuera el cómo continuar la resistencia a la represión, al gobierno ilegitimo y encontrado un discurso y una práctica que lo lleve al poder.
Creo que, en Honduras, nadie tiene la ruta diseñada. Es, por así decirlo, nuestro primer “round” en este combate. Y nos quedan otros. Podemos ganar en el primero, o el cuarto, o el quinto “round”. A mí, con todo, me queda la certeza de que la gente, el Frente de Resistencia va a ganar. No solo por la justeza de lo que plantea, sino por el hartazgo histórico de la población.
Primera vez que veo una población que se harta de la clase política. La derecha hondureña está siendo muy habilidosa hacia adentro y hacia afuera; abre un proceso de negociación que desde el principio sabe que va a torpedear; convoca a Zelaya, pero sabe que no lo va a aceptar; EE.UU pasa de no reconocer a las autoridades golpistas a reconocerlas mediante la legitimación de unas elecciones ilegales.
Pero, desde mi perspectiva, cuando un sistema se reproduce solo a partir de sus habilidades y no es capaz de crear consenso interno, y no es capaz de dar un mínimo de alternativas económicas, ese sistema está liquidado. Solo le queda apoyarse en las Fuerzas Armadas. |