Siguenos...

rssf
¿DEMOCRACIA? Depende... PDF Imprimir E-mail

Después de la década perdida de los “ochenta”, Latinoamérica inauguraba el cambiante de siglo materializando muchos de sus proyectos populares con la llegada al poder. Chávez llegaba a la presidencia antes de inaugurar el siglo con el apoyo de más de la mitad de la población y su progresivo proyecto popular le ha llevado a seguir liderando la revolución bolivariana más de una década después. Lula le siguió después de dos intentos fallidos, con más del 60 por ciento de los votos (2002) y en Argentina llegó el matrimonio Kirchner (2003) con el reto de sacar de la bancarrota al país. Llegó más tarde Morales (2005) y luego Ortega y Correa (2007), Lugo (2008), Funes (2009) y ahora Mújica, que seguirá en 2010 el camino abierto antecesor.

 

En este cambio de siglo, Latinoamérica se presenta organizada y consciente de que está escribiendo la historia. Los gobiernos plantean otro tipo de relaciones con los movimientos populares y la voluntad integracionista de los pueblos da vida a la Alternativa Bolivariana de los Pueblos (ALBA), un espacio de intercambio fundamentado no sobre los principios del libre mercado, sino en los principios de la solidaridad entre los pueblos hermanos. El sueño de la patria grande se tejía un poco más y los representantes gubernamentales establecían 19 áreas de trabajo conjunto para el buen vivir: Petróleo y energía, Comunicación y transporte, ámbito Militar, Deuda externa, Economía y finanzas, Luz e industrias básicas, Recursos Naturales, Comida, soberanía alimentaria i reforma tierras, Educación, Universidad, Desarrollo científico y tecnológico, Medios de Comunicación, Salud, Género, Migraciones e identidad, Vivienda, Protagonismo y Participación democrática, Movimientos indígenas, y Movimiento trabajador.

A pesar del momento histórico, el avance de la izquierda -en sus diferentes tonalidades- se topaba con la afirmación conservadora de enclaves estratégicos (Colombia, Méjico y Perú) al que se sumaba este fin de semana pasado el anunciado giro a la derecha de Chile. Latinoamérica polarizada. Y es que, como ya anunciaba el que fuera ex-vicepresidente de Estados Unidos de la administración Bush, jefe de la mayor empresa petrolera de Estados Unidos, Halliburton y miembro del Proyecto para el nuevo siglo Estadounidense (PNAC en sus siglas inglesas) en su Informe Cheney “la seguridad energética nacional depende del abastecimiento de energía para a financiar a los Estados Unidos y también el crecimiento económico global. Hay que hacer de la seguridad energética una prioridad de nuestro comercio y nuestra política exterior”. Luego de él, llegó Obama y la administración norte americana cambió para que nada cambiara. Había que seguir polarizando el patio trasero para que todos los países se alineasen.

Después de adhiriese al ALBA, el 28 de julio Michelleti, encarnando el deseo de la burguesía nacional y las aspiraciones imperialistas, daba un golpe a la voluntad popular y se erigía como presidente del país. La comunidad internacional miró para otro lado primero y medió después para que el pueblo hondureño aceptara su designio, mientras la tinta de los medios se desparramaba escribiendo mil eufemismos que se alejaran de describir los hechos como “golpe militar”. La resistencia no bajó la cabeza y la democracia se utilizó como último instrumento para devolver al país la gobernabilidad. Luego como siempre, los grupos de poder se ocuparon de poner el epitafio del conflicto describiendo la transparencia de un proceso electoral que nacía con olor a pólvora. Nada escribieron del porcentaje de la población que no cedió su soberanía para redimir la democracia (el 78% de la población no acudió a las urnas) y lo ocultaron publicando el 61% de participación electoral presentado por el Tribunal Supremo electoral – porcentaje incluso superior (47% de participación) al que presentó la organización de observadores internacionales Hagamos democracia, organización autorizada a seguir el proceso electoral, vinculada con el Departamento de Estado Estadounidense. Ni una sola línea se escribió tampoco sobre la presión de los grandes grupos económicos del país que anunciaban descuentos de hasta un 40% para aquellos clientes que mostraran su dedo manchado de negro ni de aquellas multinacionales y dependencias del Estado que amenazaron a los empleados de despedirlos si no acudían a las urnas. Tampoco se habló de las 83 detenciones ilegales (entre ellas las del Secretario General del Servicio de Paz y Justicia para América Latina y miembro de la Misión del Observatorio Ecuménico de Derechos Humanos de la CLAI, Gustavo Enrique Cabrera) ni del asesinato que se produjeron durante los allanamientos a las viviendas del Frente de Resistencia y en la marcha pacífica de San Pedro de Sula. La Asamblea de Solidaridad con el Pueblo Hondureño tuvo que ser los ojos de muchos, ante tanto silencio.

Se aplaudió la legitimidad del proceso.

Por el contrario, y a pesar que distintas agencias de observaciones electorales internacionales (de distinto signo) han avalado los procesos de elección de los presidentes de corte popular, la mayoría de ellos han sido calificados de tiranos y dictadores. Decía estos días Morales “Me acusan de totalitario y dictador los pichones de la dictadura. El MAS es el único partido que ganó con más del 50 por ciento de votos y sin embargo me llevaron al referéndum revocatorio; pero en vez de revocarme me ratificaron y quienes quisieron revocarme fueron revocados. Es una vergüenza que ahora los revocados sean candidatos”. El día 6 de diciembre Bolivia daba (otro) un paso histórico en su historia democrática: por primera vez un presidente boliviano recibía el apoyo de más del 60% de la población.

Parecía que no era suficiente: los grandes grupos de comunicación “atemorizaban” ya a la población afirmando que la obtención de más de los dos tercios desatará aún más el poder despótico de Morales y reformará la constitución para perpetuarse en el poder; como si la rotación en el poder fuese un indicador de la calidad democrática de un país (vean sino el ejemplo ruso).

El objetivo es ahora: polarizar, polarizar y polarizar el escenario latinoamericano. Acabar con los gobiernos rosas y aislar los rojos, con advertencias, mentiras y llegado el caso, con golpes en la mesa. Y la verdad es que parece que la estrategia empieza a dar algún resultado puesto que Funes anunciaba que su país no ingresaría al ALBA al basar su política exterior en una "concepción central, básica: no más alineamientos ideológicos; no más amigos o enemigos determinados por la ideología".

Y es que cuando gobiernos y movimientos populares son dos raíles de una misma vía y cuestionan si los privilegios de algunos son el “interés general”, hay a quien oímos pensar… “¿Democracia? Depende…”

AddThis Social Bookmark Button
 
Diseñado a partir de Next Level Design / Script by Joomla!

Das hier verwendete Bild ist von Albrecht E. Arnold zum kostenlosen Download bei Pixelio zur Verfügung gestellt worden.