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Aproximación al rol de las clases medias en los procesos populares latinoamericanos PDF Imprimir E-mail
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Después de la entrega casi total de la izquierda de finales de los 90's, el escenario latinoamericano se ha transformado notablemente. La movilización de las fuerzas populares ha adquirido tal magnitud que, incluso, podría sobrepasar las experiencias históricas de los revolucionarios años 50's y 60's. Millones de latinoamericanos se levantan para defender sus derechos en todos los rincones del continente, y su fuerza pasa de arrasar en las calles ,a traducirse en la construcción de nuevos bloques de poder en las urnas. Un hito inédito en la historia de nuestra América que ha sorprendido tanto a intelectuales como políticos, en un contexto en que ya nadie creía que un cambio hacia la izquierda fuera posible.

A pesar de ello, desde distintos actores de la izquierda se cuestionan que no se avance de forma más decidida en la transformación radical del actual modelo social y productivo; esto ,especialmente en países como Bolivia, Venezuela o Ecuador, donde se cuenta con una fuerza social movilizada cada vez mayor y con un apoyo electoral innegable. Desde una lectura clásica de la dinámica de la lucha de clases sería esperable que en un momento como éste sólo se pensara en avanzar hacia la toma fáctica del poder, esto es a nivel político, económico y también en el plano militar. Además, pareciera que los factores de consolidación tanto en el plano interno, como a nivel regional, fueran también propicios a este hecho.La inesperada debilidad del imperio estadounidense trae consigo una intensa soledad política a las oligarquías locales. Sin embargo, el discurso y la práctica que acompañan la conducción de los procesos parecen alejarse cada vez más de las tesis tradicionales del marxismo-leninismo.

La conformación de la conducción del proceso

Bajo la sombra de Allende, el presidente mártir, y símbolo internacional de la lucha democrática desde el socialismo, se construyó una visión política revolucionaría que planteó que era posible avanzar hacia una sociedad diferente utilizando, en un contexto democrático burgués, las elecciones como el mayor instrumento de lucha. Esta concepción no se basaba exclusivamente en el supuesto de que las clases dominantes respetarían la democracia pluralista, sino más bien, en la adscripción a la idea de que sólo logrando la unidad de las fuerzas de avanzada, a través de una lucha activa y permanente a favor de los intereses del pueblo, se podía dar y acrecentar el marco legal constitucional para superar al Estado capitalista. Bajo esta perspectiva, esa amplia unidad y fuerza permitiría la continua profundización del proceso.

El actual período se concibe, siguiendo la estela de Allende, como proceso en el cual, para desmontar el modelo neoliberal, es necesario realizar una serie de movimientos tácticos ,tanto en lo político (elecciones, reformas constitucionales, revocatorios, etc), en lo económico (nacionalizaciones, reforma del aparato del Estado, aumento de beneficios sociales, reforma agraria, etc) como en lo militar (derrota de los intentos golpistas, renovación de los altos mandos militares, incorporación de actores populares a las reservas del ejercito, etc); un conjunto de medidas orientadas y planificadas en un escenario que varia vertiginosamente, tanto en el plano nacional, como internacional, pero que en ningún caso se plantean como una confrontación radical y frontal por el poder total.

Todas las acciones están orientadas a poner a la política como agente incluyente y promotor de un consenso social histórico, entorno al cual es necesario sumar las posiciones tanto  de actores colectivos, como individuales, construyendo amplios consensos que combinen la oposición al neoliberalismo y la búsqueda interesada de una sociedad que destierre la desigualdad.

En palabras de Álvaro García Linera, actual vicepresidente de Bolivia, se trataría, en el caso Boliviano, de que "el movimiento indígena habrá de consolidar de manera duradera su proyecto en la medida en que haya sabido incorporar las banderas, y parte de las necesidades, de otros sectores sociales. Incluso las de los adversarios. Pero entorno a un núcleo que no se negocia. La fortaleza de este liderazgo no es que solamente hace prevalecer sus intereses, sino que haciendo prevalecer sus intereses como bloque social obrero popular indígena ha logrado articular, y atraer parcialmente a otros sectores de clases medias y de clases altas. Si eso se logra se acabó el debate. El Estado se consolidó".

La integración de las clases medias, también debilitadas y golpeadas por la instalación del modelo neoliberal en los 80' y 90', pasa a ser entonces un elemento central en la actual perspectiva de construcción, tanto de las alianzas políticas ,como de la futura construcción del Estado.

En estricto rigor, a nivel electoral, es imposible explicar el actual avance en Venezuela, Bolivia, pero también en Ecuador y Paraguay, entre otros, sin el apoyo de amplios sectores de las clases medias que, efectivamente, se han abierto a la posibilidad de la construcción de nuevos pactos sociales que les permitan, consolidar su situación económica y social muy debilitada por años de políticas privatizadoras y excluyentes

En la medida de lo posible, la morfología de los gobiernos persigue constituirse a imagen y semejanza de la base social que los sustenta, para generar elementos de identificación y, a partir de estos, exaltar e interpelar determinados sectores sociales de una forma más directa. La imagen del poder y de quienes conducen el proceso es, por lo tanto, un elemento central en momentos de inestabilidad como lo es el actual.

Por una parte, el caso Venezolano y durante casi 10 años, el presidente Hugo Chávez cumplió su labor en la conducción del país con el apoyo de José Vicente Rangel, abogado y prestigioso periodista, de probado compromiso con la izquierda histórica venezolana que complementó, como vicepresidente, el estilo popular con el que Chávez ha encabezado el camino de la revolución bolivariana.

Por la otra, en el caso Boliviano, a la conducción del primer gobierno de un indígena en Latinoamérica, el presidente Evo Morales cuenta con el respaldo de su vicepresidente ,Álvaro García Linera, sociólogo y matemático de origen de clase media.

La conducción de ambos procesos se dotan, por lo tanto, de una cara popular y otra más orientada a las clases medias e intelectuales.

Más allá de un mero ejercicio de imagen, dicho acto constituye una parte fundamental del núcleo de identidad político-ideológico de la actual propuesta de transformación. Es una apuesta abierta a unir en un mismo proceso a las fuerzas populares, que en los últimos años se construyeron enfrentándose con los viejos estilos vanguardistas y la intelectualidad de izquierdas, pero también, teniendo la aspiración de hablarle y sumar a las clases medias.

En resumen, el camino emprendido por los gobiernos venezolano y boliviano de reconstruir el aparato burocrático del Estado requiere dotar a este deprimido sector de las clases medias de nuevos espacios en lo cuales poder consolidar su condición económico-social al margen del siempre exigente modelo de mercado.

Las dudas que aparecen en el camino

Pero el acercamiento de las clases medias a los nuevos proyectos de Evo o Chávez , no es en ningún caso total, ni menos confiable.

La soledad en la cual se ha visto la oligarquia golpista en ambos países ,ha forzado a que las conducciones políticas de la derecha conservadora emprendan el difícil camino de la construcción de una fuerza política, social y hasta paramilitar propia. Y, en esta apuesta, la incidencia de la derecha sobre las clases medias sigue siendo un elemento central.

De hecho, tanto en el caso de Venezuela como en el de Bolivia, la derecha ha ido instalando ,con mucha fuerza, su discurso en las universidades públicas del país. No hablamos ni siquiera de las universidades privadas, propias desde siempre de las elites, sino de las universidades que dan enseñanza a costa de los dineros del Estado. Es ampliamente reconocido que lmuchas de las Federaciones de Estudiantes Venezolanos trabajan directamente comprometidas con las fuerzas más conservadoras del país. Y ,para realizar este empeño ,sus líderes cuentan con el apoyo cómplice de la mayoría de los estudiantes universitarios.

Algo parecido le pasa a Evo en Bolivia, donde si bien no existe una oposición abierta, los estudiantes se mueven entre un tibio apoyo al proceso ,en lugares como la Paz, a constituirse en la principal fuerza de choque de la derecha , como en las regiones  de la llamada media luna (Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija).

Pero no son sólo lo jóvenes universitarios, sino también son los trabajadores del Estado, los que con especial facilidad, se suman a las críticas y a las movilizaciones contra los gobiernos populares.

Los llamados funcionarios, los pocos que quedaron después de los distintos procesos de reforma del Estado aplicados por las medidas neoliberales, se acostumbraron a recibir los suculentos beneficios de trabajar para gobiernos corruptos, en los que no importaba el tener una consciencia, o un compromiso con el servicio público.

Es el caso Venezolano la Central de Trabajadores de Venezuela (CTV), que con sus más de 300 mil trabajadores agrupa a la mayoría de los funcionarios públicos de los antiguos gobiernos conservadores de Adeco y Copei. Todos unidos y movilizados en una central que no ha trepidado en prestar apoyo a los distintos intentos golpistas de la derecha, y se ha constituido en uno de los baluartes del anti chavismo desde lo social.

En cuanto a Bolivia los antiguos funcionarios han representado también sectores que con muchísima facilidad se movilizan contra las políticas de gobierno. La constatación de tales situaciones repetidas y desarrolladas en el tiempo ha llevado últimamente a actores tan relevantes como el ex vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel, a cuestionarse el por qué "muchos nos hicimos la ilusión de que las cosas cambiarían".

El político, retirado de su puesto hace poco más de un año, se pregunta si "¿es la oposición venezolana un caso perdido?... hoy, la oposición vuelve a girar en torno al dilema de participar electoralmente con talante democrático o hacerlo con una carta oculta bajo la manga. Lo demuestra su actitud ante la denuncia de un plan conspirativo, sospechosamente banalizado".

Pareciera que, más el tiempo pasa y más cuesta ver cómo, y bajo qué proyecto de nueva sociedad se puede llegar, efectivamente, a construir una alianza entre sectores distintos, que sea lo suficientemente sólida como para no tener que recaer en repetidas crisis que reflejen un panorama constantemente incierto.

Y, en este marco de incertidumbre, las clases medias, que en el contexto latinoamericano son una figura inacabada, mezcla de su posición en el modelo económico y de elementos de tipo racial, ésta incertidumbre cala hondo.

Hoy, nada parece resuelto. No se trata, como algunos lo tratan de resumir simplistamente, en retomar la vieja discusión de si Reforma o Revolución.

Desaparecido del horizonte la imagen de una sociedad copia de lo que fueron las experiencias del socialismo real, el nuevo modelo de sociedad que se vislumbra es uno en donde propiedad pública y propiedad privada debieran, supuestamente, convivir armónicamente.

Es ese el escenario mayoritario hacia el cual avanza incluso, aunque con muchos matices, la dirigencia de Cuba. Y ese es el marco de relaciones de propiedad que se sustentan tanto las Constituciones de Venezuela, Bolivia como la de Ecuador.

En todos ellos se plantean la figura de Estado fuertemente involucrado en la propiedad  de los recursos estratégicos y la protección de los derechos del pueblo, pero también siendo fuertes promotores de las iniciativas privadas.

Las clases medias de los países como Venezuela, Bolivia o Ecuador no partirán a Miami o a Europa. Donde serían tratados como meros inmigrantes. Además, no tienen siquiera los medios para hacerlo. Saben que permanecerán en el lugar que los vio nacer. Y por eso su destino está ligado a los rumbos que tome el país,. Les queda todavía decidir si se involucran de lleno en un camino de cambios, o se suman a las propuestas de acción de las fuerzas conservadoras  que los convocan cada vez más abiertamente a ser la carne de cañon de una lucha fratricida.

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