El actual proceso de cambios en latino América, además de su carácter popular y de las transformaciones políticas y económicas en los distintos países, contiene en su interior un marcado acento en la integración regional. Hablar de latino América como un sujeto identitario no es un elemento nuevo en términos históricos. Por un lado estos antecedentes vienen desde hace más de 200 años, momento en el cual la mayoría de los países latinoamericanos vivió su proceso de independencia de la corona española. Este proceso se realizó, de una manera bastante excepcional, en un esfuerzo conjunto entre los distintos ejércitos que peleaban por la independencia en todo el continente.
Más allá de la retórica que rescata la figura de los libertadores (Simón Bolívar, Marti, Sucre, San Martín, O'Higgins, Miranda) lo cierto es que en cada uno de los países del continente la figura de una vieja idea de lograr una latino América unida en un solo bloque es algo que viene con el nacimiento de los Estados nación.
Pero incluso sin ir tanto lejos en el tiempo, debemos recordar que en el período 1950-1970, en las luchas por la liberación nacional, muchos militantes de izquierda, emulando la figura del Che Guevara, fueron parte de grupos guerrilleros que con mayor o menor éxito lucharon por hacer la revolución a lo largo del continente. No importaba la nacionalidad sino la convicción de luchar contra las desigualdades donde ellas estuvieran.
En la actualidad, el actual proceso de instalación de gobiernos populares en latino América fue precedido en este sentido de algunos antecedentes relevantes. Por un lado tenemos la mayor movilidad que tuvieron los distintos movimientos sociales. El más destacado de ellos es sin duda el que nos ofrece el movimiento indígena. Propulsado por la lucha de los zapatistas, se han venido desarrollando en los últimos 15 años, un sin número de encuentros de las distintas naciones indígenas de América. Este proceso ha permitido que se visualice cada vez con más fuerza a las naciones indígenas como un actor que recorre América completa como una sola fuerza, y que dota también al actual proceso de ciertos elementos de novedad y de frescura ideológica que la izquierda del siglo XX había dejado absolutamente olvidados.
Otro precedente sin duda importante es el de los llamados Foros sociales. Estos mega eventos, que partieron siendo encuentros eminentemente puntos de reunión de distintos intelectuales y activistas sociales, con el tiempo fueron siendo copados primero por los movimientos sociales más activos del continente y recientemente han sido un escenario privilegiado para mostrar los avances de los distintos gobiernos populares de la región.
Sin embargo, más allá de estos antecedentes y de los discursos que parecieran anunciar una unión latinoamericana para pasado mañana, los procesos sufren de una complejidad creciente en sus procesos de integración regional.
Por una parte la integración política parece avanzar de manera dificultosa. Si bien se han logrado grandes éxitos como el de frenar con una reunión del UNASUR, el proceso de golpe de Estado al gobierno de Evo Morales en septiembre del 2008, la falta de un proyecto político común se visualiza como uno de los grandes problemas mirando al futuro.
El socialismo del siglo XXI de Venezuela, pudiese estar alejado de lo que Ecuador ve como su propio modelo de desarrollo de la figura del Estado. Y aún más alejado de lo que se piensa en las alturas de la Paz, en donde el peso de la visión indigenista plantea modelos de desarrollo del Estado alejados del centralismo, propio de los modelos de gobierno socialistas. Además, el elemento militar, que no ha sido decorativo nunca en la historia de las repúblicas latinoamericanas, parece estar por el momento controlado. Sin embargo, una integración política implicaría cambios de fondo en las doctrinas de defensa de los países de la región (basados en la doctrina de defensa nacional) que aún no han terminado de resolver sus conflictos limítrofes históricos.
En cuanto al plano económico si bien las alternativas como el bloque económico de la Alternativa Económica de las Américas, ALBA, y la creación del Banco del Sur avanzan de manera sostenida, estas propuestas no han logrado ser hegemónicas y conviven con otras formas de alianzas previas al proceso como lo es el Mercosur o la Comunidad Andina de Naciones.
Una muestra de las tensiones existentes en estos bloques lo dio hace poco el Ecuador quién decidió realizar sus negociaciones en forma directa con la Unión Europea. Esto mientras Bolivia proponía negociar con la UE en forma conjunta.
Por último en términos de integración cultural, si bien latino América se basa en un patrón relativamente común (lengua, religión, estructura social, etc) el actual proceso avanza débilmente a punta más de discurso que de iniciativas reales.
Iniciativas como Telesur, una cadena televisiva construida para apoyar el proceso, mantiene una cobertura que aún es muy baja en comparación con la amplitud social del proceso. El esfuerzo no tiene comparacióncon lo que los medios de comunicación masiva de la derecha hacen en función de profundizar las diferencias y los odios entre los países vecinos de la región. Una forma directa de sabotear cualquier proceso de integración.
En definitiva, el proceso de integración avanza pero más en términos de imágenes de una futura unión que en términos reales. Los gobiernos mantienen aún profundas diferencias y temen plantearse opciones económica o sociales más radicales. Desterrar los odios y limar las desconfianza tomará tiempo, y requiere de un proyecto que se visto como viable y que favorezca los intereses de cada uno de los habitantes de la región.