El proceso venezolano ha transitado por distintas etapas, al cumplir su primera década. Y en estas distintas etapas las alianzas que han permitido que la revolución bolivariana siga avanzando han sufrido también una serie de modificaciones.
En este momento, en el que Venezuela goza de una estabilidad política considerable en comparación a otros momentos, emergen a debate una serie de cuestiones que ponen nuevamente a prueba la solidez, las alianzas y confianzas de quienes, a lo menos en el discurso, se reconocen como parte del chavismo que sostiene el proceso.
En este marco se realizó en junio por el Centro Internacional Miranda, CIM, un encuentro que reunió a un número significativo de intelectuales de izquierda, los cuales emitieron una serie de opiniones que, en lo central, cuestionaban el actual proceso por tres vías: el llamado híper liderazgo, la corrupción y la ineficiencia del aparato de Estado.
Si bien el segundo y tercer tema generan cierto consenso entre casi todo los actores, tanto los intelectuales como los políticos, el mero hecho de constatar la presencia de estas situaciones no constituye, de por si, un elemento que permita avanzar en la profundización del actual proceso.
Por ello, el debate político, desde las propias intervenciones de Chávez, se ha centrado en lo que se denominó el “híper liderazgo”: rebuscado término por el que se describe, y crítica, el excesivo protagonismo de Chávez en el funcionamiento del gobierno.
Este debate emerge desde quienes se reconocen como parte del proceso, el propio Chávez se ha encargado de aclarar que “hay algunos de esos intelectuales que no se atreven a presentarse abiertamente como antichavistas”.
Más allá de que todos concuerdan en reconocer la importancia de la crítica como practica revolucionaria, es importante recordar que la relación entre los intelectuales, y en general de la izquierda venezolana, con el proceso de Chávez, desde sus inicios ha sido más que distante.
Incluso podríamos decir de que Chávez, con toda propiedad, podría decir de que, más allá de reconocer algunos antecedentes históricos concretos, el actual proceso revolucionario le debe bien poco al rol de los partidos de la izquierda venezolana, y aun menos a la intelectualidad venezolana.
Los puentes entre la dinámica política del proceso y los intelectuales de la izquierda venezolana parecen estar, más que nunca, cortados.
Siguen y se consolidan estatización de empresas
Luego de 20 días de lucha y de toma de la empresa CAFEA CA, única procesadora de café liofilizado en el país, ha pasado a control del Estado. Con la ocupación temporal de la empresase da el primer paso para la creación de la Empresa de Producción Social “Unión de Trabajadores del Café-Junín”.
Esta empresa hasta ese momento era parte de una transnacional alemana la cual cerró operaciones argumentando que no le podía pagar el precio a los productores nacionales por lo que iba a liquidar personal y bienes los cuales incluyen una finca cafetalera de 150 hectáreas.
A esta nueva nacionalización se suman la de las empresas briqueteras del estado Bolívar -Comsigua, Orinoco Iron, Venprecar y Matesi-, de las que pasarán a formar parte de la nómina de empleados del Estado unos 1.391 trabajadores. Todo esto con el firme propósito de eliminar los precios de transferencia de una unidad de producción a otra y obtener así un producto a bajo precio.
Este proceso iniciado por el gobierno venezolano es parte del interés del Estado por construir y consolidar un aparato productivo de características nacionales.
En esta línea, se realizó en Caracas el “Encuentro Latinoamericano de Empresas Recuperadas por Trabajadores", en cuya declaración de principios se señala que "Ellos cierran y criminalizan a los trabajadores, nosotros abrimos las fabricas, ellos roban las tierras y nosotros la tomamos. Ellos hacen guerras y destrozan las naciones, nosotros defendemos la paz y la integración soberana de los pueblos. Ellos dividen y nosotros unimos. Porque nosotros somos la clase trabajadora. Porque somos el presente y el futuro de la humanidad”.
Unión Campesina contra latifundio y sicariato
En el marco de la Campaña por Todas Nuestras Luchas, delegados de los frentes campesinos Juan Hilario, Simón Bolívar, Jirajara y Ezequiel Zamora en conjunto con el Gobernador de Portuguesa Wilmer Castro Soteldo y la ANMCLA anunciaron la creación de un Consejo Estatal Campesino, a fin de enfrentar en conjunto la problemática del latifundio y el sicariato contra los dirigentes campesinos. Los distintos frentes del movimiento campesino reafirmaron la necesidad imperiosa de cerrarle el paso a la impunidad, así como darle concreción a un gran proyecto de agricultura tropical sustentable a los llanos centro-occidentales.
Asimismo anuncian un gran Encuentro Nacional Campesino para el 1 de agosto, que fortalezca la unidad del movimiento campesino y la articulación con los demás movimientos sociales, paso imprescindible para la defensa y profundización de la revolución.
Desde el 2000 año Hugo Chávez comenzó a hablar de reforma agraria en el período de ejecución de la segunda Ley Habilitante, que fue publicada el 13 de noviembre de ese año. Por ello, los latifundistas viéndose amenazados empezaron a acumular recursos y voluntad para atacar a los cientos de campesinos entusiasmados por los beneficios que les traería la reforma agraria. Organizaron grupos armados que cuidarían sus supuestas propiedades, y negociaron con paramilitares colombianos que asesinarían a dirigentes campesinos en Venezuela.
Según el propio Chávez "Nosotros no podemos permitir que maten, masacren a los líderes campesinos, y que no haya responsables" Sin embargo, más allá de la voluntad declarada del mandatario hasta la fechahay 214 víctimas y solo hay 7 detenidos.