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Venezuela - Octubre '08

somos_chavistas1.jpgEn Venezuela, al igual que en el resto de América, la instalación del modelo neoliberal se hizo a sangre y fuego. Durante el "Caracazo", las protestas populares contra las medidas del FMI impulsadas por el gobierno de Carlos Andrés Pérez, dejaron en solo pocos días más de 300 muertos y miles de heridos.

Pero con la sangre del pueblo venezolano, no sólo se puso fin al gobierno corrupto de Andrés Pérez, sino que fue toda la estructura de hegemonía de la partidocracia de los partidos ADECO y COPEI, la que se puso en crisis.

El intento de golpe de estado de Chávez de 1992, lo hace emerger como una figura política a escala nacional. Su discurso de terminar con la corrupción y con la politiquería, además de su figura de líder militar, lo situaron rápidamente como una alternativa a una crisis que se veía sin salida.

La popularidad de Chávez crece en las barriadas. En esos lugares en donde la izquierda no llegaba con sus discursos, ni con sus prácticas "foquistas".

El 99', para sorpresa de muchos, Chávez asume el gobierno bajo la incrédula mirada de la burguesía local y de los propios Estados Unidos. Pasaron 3 años antes de que la figura del Chávez se hiciera insoportable para todos quienes querían mantener a Venezuela en su rol histórico de proveedor de petróleo barato para los EE.UU.

Luego del fracaso del Golpe de Estado del 2002, el gobierno bolivariano decide acelerar su proceso de transformación de la sociedad Venezolana.

Se emprenden, entonces, dos procesos en forma paralela. Se desata una lucha por la legitimidad democrática y otra lucha por la transformación del aparato del Estado.

La lucha por la legitimidad democrática sitúa dos actores en disputa por las banderas de la democracia. Por una lado una derecha ampliada (que incorpora tanto a los partidos de centro, como a parte de la antigua izquierda) y, por el otro, el "chavismo". Un conglomerado amplio y diverso que reúne, transversalmente, a la mayoría del pueblo venezolano.

El referéndum presidencial del 2004, las elecciones regionales del mismo año, la elecciones parlamentarias del 2005, las presidenciales del 2006, e incluso el plebiscito constitucional del 2007 son los momentos en los que el "chavismo" demostró haberse transformado en la fuerza motriz de la revolución democrática. Salvo en el caso del Plebiscito por la Reforma Constitucional del 2007, en donde por un estrecho margen ganó la derecha, su fuerza electoral ha sido incontrarrestable.

En cuanto a la lucha por la transformación del Estado, luego del intento de Golpe de Estado del 2002, emergen las Misiones, como una forma de política pública que rompe los estrechos márgenes del ejercicio a través de los Ministerios. Las misiones Barrio Adentro (salud), Robinson (educación), Ribas (educación superior), Piar (desarrollo económico), entre otras, estimulan la percepción en la población de que el gobierno es eficaz en traspasar los recursos del petróleo al mejoramiento efectivo de las condiciones de vida de la mayoría empobrecida de los venezolanos.

Ambos procesos de lucha, el de la legitimidad democrática, y el de la transformación del Estado, se dan en un cuadro de conflictividad regulado por la derrota político-militar de la derecha luego del intento de golpe de Estado del 2002.

Los intentos de desestabilización continúan, pero lo que prima en la actual situación son los conflictos internos propios de la transformación del "chavismo" como fuerza electoral, en una articulación social-política que sea capaz de encabezar la tarea histórica de la transformación estructural de Venezuela.

La creación en paralelo de los Concejos Comunales (que agrupan a las organizaciones sociales territorialmente) y del Partido Socialista Unido de Venezuela (que pretende organizar a todo el chavismo electoral disperso) dan cuenta de los intentos que desde el gobierno se realizan por frenar el proceso de desarticulación propio del desgaste.

Todo lo anterior, se da en un contexto de creciente conflictividad social entre el gobierno y algunos sectores sociales. Existe en la base una presión por cambios más radicales.

Si evaluáramos de manera tradicional a los movimientos sociales, hoy en Venezuela, podríamos concluir, salvo pocas excepciones, estos se caracterizan por una debilidad organizativa propositiva, cierta dispersión y desarticulación, carentes de visibilidad, sin una plataforma de lucha clara, carentes de iniciativa política propia, y en algunos casos con altos niveles de institucionalización.

El movimiento sindical

Lo primero que podríamos constatar es que resulta simbólico que los sindicatos hayan sido, a través de la Central de Trabajadores de Venezuela, CTV, uno de los actores sociales más comprometidos con los esfuerzos de la derecha por sacar a Chávez del gobierno. Esta actitud de conflictividad se ha mantenido hace más de 6 años.

En el año 2000 se convocó a un referéndum sindical para exigir elecciones democráticas en la principal central del país, manejada por los partidos opositores Adeco y Copei.

En medio de denuncias de fraude, no fue posible derrotar a la dirigencia de la CTV y, unos años más tarde, un grupo de sindicatos y sindicalistas fundaron la Unión de Trabajadores de Venezuela (UNETE), referente sindical conducido por dirigentes trotskistas.
Con la creación de UNETE, los trabajadores del país siguen fragmentados en dos agrupaciones por sector que reivindican los mismos derechos y se disputan la interlocución con las empresas e instituciones públicas. Con todo la CTV agrupa a 300 mil trabajadores y UNETE a 700 mil. O sea que, son sólo cerca de 1 millón los trabajadores organizados en ambas centrales, de los casi 10 millones que componen la fuerza de trabajo de Venezuela.

Desde una perspectiva del tipo de empleo, lo que avanza en Venezuela es la precarización del empleo principalmente a través de la contratación de cooperativas que disminuyen los beneficios sociales de los trabajadores. Sin embargo, en otros temas de la agenda laboral que están vinculados con el nuevo modelo económico, los trabajadores están rezagados respecto a la iniciativa gubernamental. Temas como la cogestión, las empresas recuperadas y el control obrero de algunas industrias quedan para el discurso o la lucha por el protagonismo entre las corrientes que conviven en el en el interior de UNETE, como la Corriente Clasista Unitaria Revolucionaria Autónoma (CC-MURA).

El movimiento campesino

Este sector viene atravesando un período crítico. Producto de la política de la Ley de Reforma Agraria aprobada bajo el gobierno de Chavez, se ha procedido a una democratización de la propiedad de la tierra, distribuyendo millones de hectáreas entre los campesinos.

Este cambio en la propiedad de la tierra, ha generado una creciente agresión de parte de los latifundistas hacia dirigentes campesinos. En los hechos se han producido decenas de asesinatos de dirigentes campesinos, principalmente en lugares cercanos a las fronteras.

La cifra de muertos ya sobrepasaría los 200 muertos.

Las características de este movimiento son interesantes porque, aunque están divididos fundamentalmente entre quienes retomaron la Federación Campesina de Venezuela y el Frente Campesino Ezequiel Zamora, ambas organizaciones presentan un perfil de mucha seriedad a la hora de realizar sus propuestas, exigiendo no sólo la tierra sino también la asistencia técnica y crediticia necesaria para trabajarla.

Su propuesta organizativa y educativa avanza sin prisa pero sin pausa en varios estados del país. Junto a otros sectores han tomado las calles en más de una ocasión para reivindicar el derecho a la tierra, la denuncia de los asesinatos y la concreción de las políticas agrarias.

El movimiento estudiantil

Al igual que con la CTV, el movimiento estudiantil se ha transformado en la punta de lanza de los sectores anti chavistas. Principalmente, se trata de jóvenes estudiantes que provienen de las universidades autónomas y privadas, cuyos líderes se han identificado con partidos opositores. Pero, como la polarización ha tenido su efecto también en el sector, a una dirigencia estudiantil claramente opositora le ha salido al paso otra dirigencia estudiantil plenamente pro-gobierno que obtiene un reconocimiento especial a través de una Comisión Presidencia Estudiantil donde participa directamente el Vicepresidente de la República.

A este sector habrá que prestarle mucha atención este y el próximo año, ya que se convertirá en arena para la disputa del liderazgo entre gobierno y oposición.

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